
Menocchio dijo que él no mató a Roseo y que La Fidelidad le pertenece
El criminal condenado a doble perpetua rompió el silencio desde prisión y dio su versión del emblemático caso.
El sanguinario asesino serial misionero, Luis Raúl Menocchio, rompió el silencio desde prisión, y en una entrevista a la revista Anfibia, que recientemente produjo un documental sobre el crimen de Roseo, habló sobre el escabroso episodio.
El "Gusano" y su víctima. Una foto que se convirtió en símbolo del caso.
Durante la charla habló de distintos aspectos de su vida, su infancia, su juventud y su familia. "Desde chiquito fui un playboy. Tenía novias como tenía autos… Si acá las celdas no fueran tan chicas me traía una mina adentro", contó entre carcajadas.
Más allá de lo anecdótico, sobre la cuestión criminal, Menocchio aseguró: "A mí me metieron en este cofre para que me quede callado. Nadie sabe la verdad. Los periodistas dicen todas pavadas".
Sobre el doble homicidio que se convirtió en uno de los casos judiciales más emblemáticos del Chaco, el criminal condenado señaló: "Yo llegué a la casa del viejo Roseo, que se le caía a pedazos, y le dije la verdad. Era un tipo austero y sufrido y yo tengo otra forma de vida, siempre viví como un pachá. Le expliqué que yo era un hombre rico, que tenía problemas en Paraguay y Corrientes, que me acusaron de asesinatos y que estuve preso, pero que era el candidato ideal para comprarle La Fidelidad".
En cuanto a la maniobra con la que intentaría hacerse de las tierras contó: "Este campo ya no es tuyo", le dije. "Lo que me estás vendiendo es un problema. Yo soy un gran negociante, sino no hubiese hecho todo lo que hice. El viejo tenía boletos de compra venta por todos lados y le habían metido ese litigio judicial en Santa Fe. Hablamos a calzón quitado. Me pidió una cifra sideral y lo hice entrar en razón. Tenía mucho miedo de ese litigio y me dijo que estaba enfermo. Tenía raquitismo. Estaba hecho mierda. Ahí le ofrecí la plata. El viejo tenía además esas cinco hectáreas del aserradero. Ahí yo quería hacer un country para los más polenta de Castelli. ¿Entendés? Yo veo el negocio al toque. Y este era un gran negocio. La Fidelidad es una tierra que, mal vendida, puede valer quinientos millones de dólares. Yo la compré por cuarenta".
Según Menocchio, Roseo "sabía que iban a venir por sus tierras" y, además, había firmado "boletos por todos lados", por lo que "estaba contento cuando me le vendió".
Máxima peligrosidad. Menocchio siendo trasladado vía aérea durante el proceso judicial en el Chaco.
Sobre la situación actual de La Fidelidad, aseguró que "lo del Parque Nacional es una mentira. No hay Parque Nacional, no hay una expropiación consumada. Aparecieron los herederos, que son los hijos de la mucama y chau. Pero antes de todo eso está la compra natural mía. A mí no me permitieron ir a la Suprema Corte ni nada. Me apretaron, me subieron a un avión y me mandaron a Rawson. Pero La Fidelidad la compré yo. Es mía".
Entonces, ¿quién mató a Manuel Roseo?
Ante esa pregunta, Menocchio respondió: "Mi rey… Ese Berg (por Sergio Berg, secretario de Roseo) fue el entregador. Lo entregó al viejo con la plata que yo le llevé. Y atrás de Berg había una banda. Por eso lo dejaron vivo. A ver… Si fui yo… Si yo voy a una casa y mato dos tipos, el secretario... ¿cómo queda vivo? ¿Tiene coronita? Encima lo voy a meter en el baúl de su auto y lo voy a dejar mal atado para que se desate y salga corriendo. ¿Medio boludo soy? No tiene ningún gollete. ¿Para qué lo voy a dejar vivo? Si soy un asesino como dicen… mato dos, mato tres, ¿me entendés? Es exactamente lo mismo".
Según el "Gusano", hubo una estrategia para incriminarlo: "Para que yo no pueda terminar mi compra y quedarme con el campo. Berg era el único que sabía de esa plata. Arregló con una banda: 'A mí dame unos golpes y no me mates'. Y conmigo los jueces encontraron al asesino perfecto, porque ya venía empapelado. Pero la única prueba en contra mía fue ese secretario y estuvo arreglada. Cuando se enteraron de que compré La Fidelidad, lo mataron al viejo".